Mociones de censura: Pinto y Velilla de San Antonio
Ángel Martínez Samperio
El cinismo político de Francisco Granados parece un pozo sin fondo. El PP de la Sra. Aguirre y Gil de Biedma se rasgaba las vestiduras por la moción de censura recibida en Pinto, como si, en política, hubieran venido a ser una joven vestal violada. Una moción, no sólo absolutamente legal, sino merecida. Cuando en política uno no se mueve, es movido, o mejor: removido de su poltrona. En Pinto, lo vengo diciendo desde el momento en que se vió que para el PP se movían manos para pegar panfletos, pero no para trabajar: esa moción de censura se la ganaron a pulso, y fue un acuerdo entre tres partidos sin que hubiera ningún tránsfuga de por medio. A Reyes Maestre le había reconocido como Secretario General de Juntos por Pinto y Portavoz de su grupo de Concejales una sentencia judicial, y había dejado el lugar político que no le correspondía como Izquierda Social que se declaraba, pactando con esa derecha disfrazada de liberal de Miriam Rabaneda y Esperanza Aguirre, que no es toda la derecha. Izquierda Unida, con amplia experiencia de gobierno, con más valor añadido que muchos supernumerarios puñeteros del Opus Dei, y el PSOE de Pinto, constituían un frente ideológico afín. El PP de Esperanza Aguirre y Miriam Rabaneda no habían sabido ni mantener su propio pacto, firmado con Juntos por Pinto, ni habían gestionado otra cosa que su propio paro, y de paso el del municipio. La Comisión Antitransfuguimo no pudo objetar nada. El PP seguía con su matraca.
Ahora sí estamos ante un caso flagrante de pacto contra natura. Si fuera cierto que “el caso” de Vellilla de San Antonio, digno de que El Caso resucite como medio de comunicación, se haya producido por chanchullo de dos concejales tránsfugas de IU, extraños compañeros de cama del PP, o se haya sido fruto de “unas negociaciones que llevan mucho tiempo en marcha”, que han desembocado en “un acuerdo entre las direcciones regionales del PP y la Colación (sic.) de Izquierdas”, que Granados ha dicho, en ambos supuestos la cantada está servida. Esa “colada” es un coladero; esa colada va a necesitar dosis masivas de detergente y de asperón. De ser cierto lo que Granados manifiesta, y espero que IU no lo ratifique con su silencio (viniendo de él lo pongo en cuarentena), ¿adónde va IU, o dos de sus concejales tránsfugas, de la mano del PP de Esperanza Aguirre? ¿De veras creen que van a durar mucho a lomos de ese Clavileño de cañas donde les han subido? ¿No se dan cuenta que le sirven al PP como canoas de desembarco y son para ese PP un trampolín de lanzamiento para las próximas elecciones?
Granados ha desmentido que esa moción de censura se parezca en nada a la de Pinto. Tiene razón. No se parece en nada. La de Pinto estaba formada por partidos ideológicamente afines, lectura ideológica de la situación que configura una manera de gestionar, y da valor a unos determinados objetivos. En Velilla de San Antonio estamos ante un acuerdo contra natura, a lomos de porteadores políticos.
El catón de la política es la unidad de acción, que en la propia casa, de puertas adentro, hace toda la crítica que sea necesaria, pero, en la gestión a realizar no caben desarmonías. La mano que dirige ha de saber cohesionar y aunar criterios. Si no sabe hacerlo, si gasta energías en combatir a los propios, diezmando las propias filas, no sólo el fracaso está garantizado y su debilitamiento imparable, sino que será el hazmerreír de cuantos quieren verlc rodar por el suelo. El Partido Popular, férreamente dirigido por Esperanza Aguirre, sabe atacar unido, sin romper filas, como una legión romana bajo la formación de la tortuga, cubiertos por los escudos, aunque las “gladio” no respeten al de al lado ¿Qué hace IU entre esas filas? Como alguien dijo: El tiempo pondrá a cada uno en su sitio.


