Ángel Martínez Samperio
Mañana, tres de mayo, se celebra en el mundo el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Así fue acordado por la Asamblea General de Naciones Unidas el 20 de diciembre de 1993 siguiendo la recomendación de la UNESCO, hecha en 1991, sobre “la promoción de la libertad en el mundo”. No sé si tenemos mucho que celebrar y si por el contrario no estamos ante la pérdida progresiva de otro derecho: el de la libre información y opinión, y si todo ello no produce la consecuencia de un déficit democrático. Como nos advertía el inolvidable José Vidal-Beneyto, podemos estar abocados a “La corrupción de la democracia”.
Mañana, día tres de mayo, las Asociaciones de la Prensa de Cádiz y Jerez, junto con UGT y CCOO, han convocado en Cádiz una manifestación contra los despidos y las malas condiciones de trabajo en los medios de comunicación con el lema “Sin periodistas no hay periodismo”. Es absolutamente imprescindible, para que subsista una sociedad democrática, que en ella se afiance el ejercicio del periodismo libre, responsable y de calidad. Como nos recordaba “Pepín” Vidal-Beneyto, la democracia representativa, y la participativa, precisan del plebiscito cotidiano de la “democracia de opinión”, construida con opiniones fundadas, documentadas, debidamente informadas.
Resulta evidente que si aquel que fuera llamado Cuarto Poder se prostituyera, priorizando el negocio frente a la calidad del servicio que presta a la ciudadanía, ante su vacío de función la ciudadanía se defendería potenciando redes alternativas, usando de las nuevas tecnologías, creando actuaciones como la del “Periodismo Ciudadano”, donde cada uno se transforma en reportero que emite su trabajo libremente a un grupo de profesionales que trata la información así recibida.
Clama al cielo que las redacciones vivan de los remitidos o de los comunicados de los partidos políticos o de los gabinetes de comunicación; que los redactores tengan que acudir a las ruedas de prensa donde después de haber soltado la verborrea no se permiten preguntas; que la dependencia política o económica cierre bocas u obligue a dictar condiciones que establezcan relieves o camuflajes a la información o a la opinión; o que existan células de intervención inmediata en las redes, con poder de intoxicación y sin base documental alguna. A tal punto hemos llegado que el muy admirado Iñaki Gabilondo titulaba su despedida como “El fin de una época”, subtitulándolo “Sobre el oficio de contar las cosas”. Y es que, en un sentido positivo podemos estar llegando al fin de una época, donde la nueva corresponda a la expansión digital, o bien la degradación de la función informativa, como creadora de opinión y notario de lo que sucede, puede dar por tierra con ese “oficio de contar las cosas”.
Y es que las empresas privadas del sector supeditan su actividad al rendimiento económico que les garantice la supervivencia y la competitividad y, al priorizar esto, aplican la cuenta de resultados como una guillotina sobre su propia plantilla, o utilizan becarios, más dóciles y peor pagados, para realizar el trabajo de profesionales experimentados,
El pasado 27 de abril, un medio digital daba la información de que “El Mundo despedirá entre 195 y 220 trabajadores”, alegando una caída del 20% de publicidad. A su lado, y según la misma fuente (Vozpópuli), El País “deberá pagar una multa de 160.000 € por las condiciones de trabajo de sus becarios”, mientras se prepara una “reducción de unas 120 personas”. Los medios de carácter privado se deben a intereses económicos. La crisis amenaza su supervivencia. El cierre de Público es todo un aviso. Las grandes compañías inversoras en publicidad, en momentos de crisis, cuando este mercado se retracta, pueden tener intereses que apoyen a ciertos medios o dejen de hacerlo con otros.
5.270 profesionales de la comunicación han perdido su trabajo desde hace tres años según fuentes dela Federación de Asociaciones de Periodistas de España. Un pueblo desinformado o tendenciosamente dirigido, es un pueblo vulnerable, donde la democracia que sustenta está en peligro.
Pero si la situación económica afecta radicalmente a la calidad de información en medios privados, en el sector público esa amenaza viene representada por su dependencia del poder que pretenda intoxicarlos ideológicamente. Este año el premio `José Couso´a la libertad de prensa que conceden el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia y el Club de Prensa de Ferrol, ha recaído en el Consejo de Informativos de TVE, “un órgano de participación destinado a garantizar el control interno, la defensa de la independencia profesional, la promoción de la independencia editorial y el amparo de los profesionales dela CRTVE”.
Cercano está en la memoria el intento de tener acceso a su parrilla de emisión, y mas inmediato todavía el Real Decreto del Gobierno de Rajoy que permite nombrar al presidente de TVE por mayoría absoluta eliminando la necesidad de contar con mayoría cualificada. Rostros viejos de conocidas simpatías aparecen en la pequeña pantalla anunciando nuevos programas de entretenimiento. Otros han dejado caer el globo sonda de su disposición para regresar a los servicios informativos. El desembarco está anunciado mientras se suspende la emisión de series propias, de amplia audiencia, que presumiblemente serán sustituidas por servicios externalizados, financiados con dineros públicos.
Se hunde el suelo del Estado Social de Derecho. Se prepara el asalto a sus almenas. Si el ejercicio del periodismo, que tiene la información y el deber de opinión pero no el poder, se ve en precario, la sociedad y el sistema democrático peligran. No, no hay motivos de celebración si esto no se corrige.